Viajar a Japón: Visitando el Gran Buda de Kamakura

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Tokyo es una ciudad inmensa con muchísimas cosas por ver y hacer. Puedes pasar días y días sin aburrirte allí pero, una vez que uno viaja a Japón, lo normal es querer aprovechar al máximo y explorar tantas ciudades como se pueda. Y la ciudad costera de Kamakura es una magnífica excursión que hacer desde Tokyo porque está a una hora en tren desde la ciudad.  En concreto, podréis llegar en la JR Yokosuka Line desde la estación central de Tokyo o, si estás más cerca de Shinjuku o Shibuya, la JR Shonan Shinjuku Line.

Por ponernos en contexto, Kamakura es una de las ciudades más antiguas de Japón. Fue su primera capital feudal entre 1185 y 1333. Vivió una época de gran esplendor con la expansión del budismo en el país, algo que se nota en el legado de templos que hay en la ciudad. Porque sí, si os gustan los templos japoneses, en Kamakura también los veréis. 


Kamakura es una ciudad muy cómoda que podréis ver andando. Quizás, el único trayecto en el que se recomienda coger transporte, es el que os llevará a su gran atractivo turístico: El Gran Buda. El Daibutsu es la imagen más icónica de esta ciudad. Se trata de un Buda de bronce que mide 11,3 metros. Aunque originariamente ocupaba un salón, tras ser arrasado este por un tsunami en 1495, permanece al aire libre aunque, eso sí, en el interior del templo Kotoku-in. Merece la pena Como os comentaba, es el punto más retirado del centro, por lo que mejor que cogáis los buses de las paradas 1 y 6 frente a la estación de tren. La entrada al templo cuesta 200 yenes (no llega a 2 euros) y por 20 más podréis entrar al interior del Buda y ver cómo fue ensamblada.

Muy cerca se encuentra el templo Hase-dera, que merece la pena visitar. El templo es muy bonito pero casi lo es más el recorrido para llegar a él, porque atraviesas varios jardines plagados de pequeñas estatuas de Buda que reciben el nombre de Jizo. Se trata de ofrendas a niños fallecidos y, tras esa apariencia simpática que tienen, son símbolos protectores de dichos niños. 


Otra visita imprescindible es el Santuario Tsurugaoka Hachimangu, al norte de la calle peatonal que os lleva desde la estación (Calle Komachi). Está dedicado a Hachiman, el dios de la Guerra y me gustó por la cantidad de detalles y simbología que hay en el parque donde se encuentra. Por cierto que, además de desde la calle peatonal que os comentaba, lo suyo es que vayáis o volváis del santuario desde la calle principal y atravesando el arco de Kamakura. Es un paseo bonito y, dicen que sagrado. A ambos lados del camino encontraréis muchas tiendas de comida, recuerdos... 

Y hablando de tiendas... como buen friki que soy, no puedo dejar de comentar que, justo frente a la estación, al principio de la calle Komachi, hay una pequeña tienda Ghibli con multitud de objetos de este popular estudio de animación. Confieso que algo compré. Irresistible. En todo caso, el ambientillo de esta calle es espectacular.

Nosotros llegamos algo tarde y no nos dio tiempo a visitar mucho más pero Kamakura tiene varios templos más de interés y, como no decirlo, playa.

Para los gastrófilos: no podéis iros sin probar los Cracker de pulpo. No es que sea la octava maravilla, o al menos no es lo mejor que he probado en Japón, pero tampoco está malo. Es una especie de crepe con pulpo que se hace mezclando harina, pulpo y aplastandolo en una plancha caliente que le otorgar un peculiar aspecto.



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