Descubriendo Israel: Tel Aviv, Jerusalem y Belen

18:53



Siempre había viajado por Europa. Nunca había surgido la posibilidad, o el deseo, de ir un poco más allá. Por eso, viajar a Israel, algo que hice hace unas semanas, fue una gran experiencia desde el mismo momento de plantearme ese viaje. Hoy os cuento cómo viví la preparación del mismo y todo lo que encontré allí.




¿Es seguro viajar a Israel?

Esta es la primera pregunta que me vino a la cabeza. Por las circunstancias políticas, no es un país exento de problemas, pero bien es cierto que muchas veces tenemos una idea sesgada por lo que vemos en los medios de comunicación. "¿Vas a ir a Israel? Pero si allí ponen bombas", me decían amigos y familiares cuando les contaba mi próximo destino. Tanto miedo en el cuerpo me metieron que, además de documentarme bien sobre el conflicto que actualmente tienen en Israel, decidí acudir a la Oficina de Turismo de Israel en Madrid, situada en la calle Fuencarral 101.

Esto es algo que siempre suelo hacer antes de ir a un viaje: preguntar a los que saben y buscar folletos, mapas, información... En este caso buscaba además descubrir si era o no seguro viajar al país. Allí me tranquilizaron explicándome que, por un lado, a los turistas se nos trata fenomenal, por cuanto somos una fuente de ingresos importante y nos miman. Respecto a la seguridad en la calle, me explicaron que, dado su historial, tienen unas medidas más fuertes de las que podemos conocer. Por ejemplo, hay un control de seguridad en cada puerta de los hoteles y en las entradas de los centros comerciales, por no hablar de los exhaustivos controles que hay en el aeropuerto de Tel Aviv, tanto en la entrada como en la salida del país. Eso sí, me dijeron que era mejor no visitar el sur del país, muy cercano a terreno conflictivo, la frontera con Gaza.

En mi viaje, además de Tel Aviv, pensaba visitar Jerusalem y Belén, este último situado en territorio palestino. La única advertencia que me hicieron es que en ocasiones, en la frontera que han montado entre Jerusalem y Belén, es necesario bajarse del autobús o cambiar de taxi si es el transporte que eligiera para ir.

Con las cosas más claras, y con más confianza, ya estábamos listos para emprender un gran viaje.

Tel Aviv: una ciudad de contrastes



He de reconocer que quizás no escogí una buena época para viajar a Tel Aviv. El mayor atractivo de la ciudad son sus grandes playas, algo que no pude disfrutar por escoger el invierno para el viaje. En todo caso Tel Aviv ofrece más cosas. Es una ciudad llena de contrastes. En una misma calle puedes encontrar casa derruidas, casas rehabilitadas y casi de lujo y grandes rascacielos.

Los rascacielos son los grandes protagonistas del skyline de la ciudad, algo que, personalmente, me confundió. Hubiera preferido ver la ciudad rehabilitada y reconstruida antes que ver tantos edificios de alturas imposibles. Una de las zonas con mayor encanto de Tel Aviv es la ciudad vieja, Old Jaffa. Con una visible mano de "chapa y pintura", conserva el encanto de antaño, y es muy bonito pasear por sus estrechas calles de roca y el viejo puerto. Además, en su parte baja hay bastantes restaurantes donde poder disfrutar de la gastronomía típica.



Por lo demás, Tel Aviv es una ciudad grande, muy grande, llena de calles comerciales y con mucho ambiente. Aquí no te aburres. Hay bares, restaurantes y tiendas por todas partes, y con horarios muy similares a los que estamos acostumbrados en España.

Si como en mi caso, Tel Aviv es una parada más dentro de una serie de visitas a otras ciudades de Israel, yo no le dedicaría más de una noche de hotel y dos días en la ciudad.

Jerusalem: Mágica mezcla de culturas

A unos 40 minutos en tren desde la estación de Tel Aviv Center Savidor se encuentra Jerusalem. El viaje es muy agradable, porque el tren es cómodo, rápido y encima dispone de enchufes y wifi, por lo que puedes aprovechar para poner al día tu Instagram y resto de redes sociales. Eso, claro, sin despegar la mirada de la ventana para disfrutar de los paisajes.



La estación de Jerusalem está muy lejos del centro turístico e histórico. Es algo incómodo llegar al mismo. El tranvía no es opción, porque no llega a la estación (aunque siempre puedes coger un taxi hasta el inicio del tranvía y allí enlazar hasta el centro). En mi caso cogí el autobús, el 18, que nos dejaba en el mismo centro, cerca de la Puerta de Damasco, que era muy cerca de dónde teníamos el hotel. El viaje fue bastante infernal. Os diré que tardé más de la estación de Jerusalem al centro, que de Tel Aviv a la ciudad. Es un recorrido de unos 50 minutos, por aquello de las múltiples paradas que hace. Eso con maletas, con mucha gente en el autobús y con el calor que ese día hacía, hicieron que tuviera claro que mi vuelta a la estación sería en taxi.

Pero cualquier cansancio se me quitó en cuanto llegué a Jerusalem. Fuera de la ciudad vieja, sus grandes zonas peatonales, tiendas y el tranvía, me dieron la sensación de ser una ciudad un poquito más moderna que la semi-derruida Tel Aviv. Eso sí, el ambiente era diferente, y aunque en ningún sitio tuve problemas, me sentí un pelín más intranquilo, a ciertas horas y en ciertos lugares, aquí que en Tel Aviv, en donde sentí una seguridad absoluta.



La riqueza artística, histórica y cultural que uno encuentra en Jerusalem es indescriptible. Hay que visitarla, y patearla de arriba abajo, entrando por todas y cada una de las puertas de la ciudad vieja (¡Esa mágica Puerta de Damasco llena de tenderetes de fruta y ropa!), zigzageando por todas las calles del enorme bazar (para mi gusto más impactante que el de Estambul) y disfrutar de cómo conviven en paz diferentes religiones. Da igual qué creencia religiosa tengas, disfrutarás como yo lo hice tan sólo viendo la emoción con la que, los que sí creen, viven todo aquello. ¡Cuántas lágrimas de emoción se ven en el Santo Sepulcro! Sin olvidarnos del imponente Muro de las Lamentaciones. Quedarte parado, viendo y escuchando, a los judíos rezando delante del muro, es una experiencia que sin duda voy a recordar toda la vida.

¿Qué se hace en Jerusalem en el Sabbat?

El Sabbat es el día sagrado de la semana para los judíos. Jerusalem se paraliza durante ese día, y la víspera del mismo. En mi caso, coincidió que era viernes, y yo estaba allí. Me habían avisado de que todo cerraba, y de que incluso el transporte se paralizaba, desde la tarde del viernes hasta la finalización del sábado. Precisamente yo tenía que volver al aeropuerto un viernes por la tarde desde Jerusalemn, de modo que la única opción posible fue coger un shuttle encargado desde el hotel, y ojo, porque el último me llevaba a las 20:00, a pesar de que mi vuelo salía a la 1 de la mañana.



En efecto, y tal y como nos habían comentado, todo cierra en la víspera del Sabbat. Fuera de la ciudad vieja pudimos encontrar un par de restaurantes abiertos. Pero eso, un par. Realmente todo se paraliza. De modo que lo mejor que se puede hacer en Jerusalem en este día sagrado es participar de la celebración, es decir, plantarte delante del Muro de las Lamentaciones y ver cómo se llena de judíos que vienen a rezar, cantar, bailar y celebrar juntos esa importante fecha para ellos. Y os aseguro que ser testigo de este momento, impone.

De Jerusalem a Belén

Si eres católico, seguro que visitar Belén entra en tus planes una vez que ya estás en Jerusalem. Si no lo eres, probablemente te decepcione. En Belén han hecho una atracción turística de cada rincón importante para la historia del catolicismo, algunos metidos con calzador.



Pero tranquilos, no sólo del catolicismo vive Belén. Entrar aquí significa entrar en territorio Palestino, y eso significa que vas a ver de primera mano un muro enorme separando los territorios. El muro de la discordia y que Israel ha construido para aislar a Palestina y aumentar su seguridad, a pesar de las críticas de los organismos internacionales.

En Belén hay que moverse en taxi, con un precio que previamente tuvimos que negociar en función del tiempo o de las paradas que queríamos hacer. Y lo mejor de ir en taxi es poder charlar con la gente de allí, y que te cuenten cómo viven tras ese muro. Nuestro taxista llevaba 18 años sin poder salir de ese territorio. Nos llevó al muro, y nos invitó a bajar del taxi y a pasear unos 10 metros. Él quería que sintiéramos lo que ellos sienten. Y lo consiguió. No es para nada una experiencia agradable... ni humana.



No os voy a engañar. Pasé miedo en Belén. Bajarme del autobús que me traía desde Jerusalem (el 121, trayecto directo, pero con parada en la frontera), y que un grupo de taxistas te aborde para "cazarte", me intimidó un poco, más aún cuando el taxista y nosotros casi discutimos intentando negociar el precio. Supongo que yo no estaba acostumbrado a regatear incluso para coger un taxi, y aquí se hace. Estuvimos unas dos horas con él, haciendo 4 paradas en 4 sitios importantes (incluyendo una pintada de Banksy), por unos 30 euros al cambio.



No teníamos tiempo para más, pero me quedaron muchas cosas por ver. Tengo claro, gracias a la gran experiencia que ha supuesto este viaje, que volveré. Hay mucho más por explorar en Israel.

En este blog | Cesarea, un paraíso arqueológico a 40 minutos de Tel Aviv

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